Antenas, ondas y radiación: por qué el 5G es tan seguro como el 4G o la TDT


La llegada de toda generación móvil suele estar rodeada de noticias de dudosa procedencia que alertan de sus peligros, y el 5G no iba a ser menos. Fruto de este tipo de noticias, hemos visto países como Reino Unido en los que se han quemado antenas 5G después de relacionarlas con la propagación del COVID-19.

Sin entrar a valorar la inocuidad total de las ondas de radiofrecuencia no ionizantes, necesarias para transmitir todo tipo de señal inalámbrica como las que reciben las radios que llevan décadas en los hogares, vamos a repasar cómo funcionan las redes de telefonía móvil y por qué el 5G es tan inocuo como el 4G o la TDT

Si el 5G fuera perjudicial, también lo era el 4G o la TDT
Aunque no sean visibles, las ondas de radio vienen a ser como las carreteras por las que circularán, desde los vehículos más antiguos (el 2G), hasta los más eficientes y actuales (el 5G). Estas carreteras siempre son las mismas y están situadas en la misma frecuencia desde la vieja televisión UHF hasta el moderno GPS. Lo único que cambia es lo que se transporta sobre ellas.

Por ejemplo, en los últimos años, hemos visto como la TDT ha sido desplazada de su carril en dos ocasiones para transportar telefonía móvil, liberando en un primer momento los 800 MHz para dejar hueco al 4G, y ahora se han liberado los 700 MHz para dejar hueco al 5G. Es decir, no solo utilizan la misma carretera sino que también circulan por el mismo carril.

Las ondas por las que circuló la televisión en algún momento son las mismas que las del 3G, 4G y 5G.
Si cambiamos de carretera y subimos a la banda media, en torno a los 2 y 3 GHz, estas frecuencias también son las mismas que las utilizadas en todas las evoluciones de generaciones móviles desde el 1G. Así que si las frecuencias por las que circulan fueran un problema, lo sería desde los años 80 que Moviline llegó a España.

Si la potencia de las antenas es el problema, el 5G es la solución
Cuando hablamos de ondas, estamos hablando de emisión de radiación no ionizante. El mismo tipo de radiación que emiten electrodomésticos tan habituales como frigoríficos, secadores de pelo, si dormimos con la radio bajo la almohada o los antiguos televisores de tubo. Radiación capaz de hacer aumentar la temperatura pero incapaz de romper enlaces moleculares.

Mantener a raya esta radiación está relacionada con la potencia con la que emiten las antenas. Y si las antenas se sitúan más alejadas de la población, necesitarán irradiar con mayor potencia, aumentando el riesgo si lo hubiese. Por eso, aumentar el número de antenas emitiendo a menor potencia como se propone con el 5G, minimiza la radiación.

Si bien, situarse a escasos centímetros de estas antenas puede resultar peligroso para la salud, la intensidad se reduce exponencialmente según nos alejamos y las mediciones del campo electromagnético muestran una reducción de la radiación del 95% a dos metros de distancia.

Como garantía, la normativa indica que las antenas deben estar situadas en torres a 30 metros de altura, mientras que en los edificios es suficiente con situarlas en azoteas no transitables a unos 2 metros de altura puesto que estas antenas irradian en 160º y no afectan a las viviendas inferiores. Medidas con las que se logra no alcanzar ni el 25% del máximo permitido en 100 metros alrededor de la antena.

Más antenas en las calles significa reducir la radiación en nuestras manos

Fuente:https://www.xatakamovil.com/conectividad/mitos-ondas-5g-otras-verdades-extensibles-al-4g-3g-tdt


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