MERCANCÍA DE LA EXPERIENCIA Y PSICOPATOLOGÍA DEL CONFINAMIENTO


El confinamiento por la crisis viral ha desatado una disolución temporal del mundo de las apariencias. Cualquier interacción humana que daba sentido aparente a la “vida”, “estabilidad”, “felicidad” se ha disuelto por una causa mayor conocida por las personas solo a través del miedo. El miedo a la enfermedad y por extensión, a la muerte prematura. Este miedo es mucho más grande al miedo al confinamiento, sí, por eso somos capaces de afrontarlo con estoicismo que de ninguna manera será gratuito. Pues lo que antes dotaba de un aparente “sentido” a nuestras existencias, hoy se vuelve en nuestra contra y regresa a través de síntomas. Esto pasa por la psicología y filosofía que hay detrás de toda mercancía de la experiencia. En este confinamiento, lo que antes era vivir la mercancía de la experiencia (discoteca, alcohol, ropa, casino), hoy muestra su verdadero rostro de compulsión por ansiedad.
Fijémonos hasta qué punto la mercancía tiene propiedades psicológicas (alienantes) en nosotros. No en vano detrás de un producto hay una industria publicitaria casi como un sistema religioso o filosófico. He ahí la terrible asociación que hay entre lo imaginario del sujeto (psicología) y una mercancía fetichizada (psicologizada) con valores agregados como pseudofilosofías de vida. Hoy la mercancía tiene un poder regulador a nivel emocional y cognitivo. Regulamos nuestro mundo interno a través de experiencias mercantiles. Y su falta puede volver loco al que se aísla de la mercancía de la experiencia por mucho tiempo. Que no nos extrañe que la mercancía tenga un poder alucinógeno o narcótico en niveles que muchos quieren hacer pasar como normales o naturales cuando su artificiosidad es perversa.
No sorprende observar una psicopatología del confinamiento en esta época de emergencia viral. Los problemas psicológicos de diverso orden hacen aparición sobre todo los de estructura neurótica: trastornos obsesivo-compulsivos, de pánico, fobias sociales, agorafobia, de angustia, de ansiedad generalizada, de hipocondría, histeria, depresión psicógena, entre otros más. ¿De dónde viene toda esta ola de trastornos del espectro neurótico? ¿O es que siempre han estado ahí o su aparición se debe específicamente al confinamiento? La respuesta está en la mercancía de la experiencia como reguladores condicionados. El hombre y la mujer de hoy eluden la autoconsciencia y su hostil saber mediante una hiperdependencia de las mercancías, cayendo en la clásica alienación que los materialistas-históricos han diagnosticado.
Si se quiere revertir el cuestionable desarrollo de nuestra sociedad, hay que cuestionar como estructuramos y reproducimos nuestra mentalidad (psicología) día a día. Los enfoques materialista-dialécticos nos advierten de que el pensamiento, y por extensión, el comportamiento humano están determinados por el trabajo y sentido que le damos a la materia. Si queremos dar un salto cualitativo como especie psicológica, debemos renunciar al espectro alienante que tiene la mercancía de la experiencia cuya falta en este confinamiento despierta un sinnúmero de psicopatologías (o problemas psicológicos) en un sentido estrictamente psicoclínico mas no psiquiátrico (otro es su decir). De ahí que el coronavirus es un duro golpe a la ideología contemporánea, porque a través del humano pone entre dicho el paupérrimo y mediocre horizonte del que está enfermo.
YHAN CORONEL

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